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La interminable odisea para volver a casa

Federica Salvador, la primera mujer sommelier de la Zona Este, oriunda del departamento de San Martin, tiene 37 años, tardó más de tres meses en poder regresar a su hogar en medio de la cuarentena por Covid-19.

Especializada en vinos argentinos, españoles y franceses, la joven realiza su primera travesía transpacífica a bordo del Celebrity Millemium. “Siempre trabaje con la firmeza de que, en Mendoza, tenemos un gran potencial, los vinos son maravillosos, al igual que en otras zonas de renombre, el vino es un factor cultural para Mendoza, lo consumas o no, trabajé con los cinco departamentos del Este, para hacer ventos turísticos, tengo buenos recuerdos en Santa Rosa hace un tiempo que no voy, pero hay vinos muy interesantes, bodegas muy bonitas, mi experiencia de haber trabajado por Santa Rosa fue muy cálida, hay tesoros escondidos, me encanto descubrir la zona este no quiero decir nombres para no quedar mal con otros vale la pena hacerse el viaje” comentó a este medio.

Federica, trabaja en un crucero VIP de las empresas de alta gama, con la aparición de la Pandemia del Coronavirus y los consecuentes cierres de los distintos puertos en el Mundo, estuvo tan sólo a dos horas de llegar a su casa para abrazar a su esposo y sus dos pequeños hijos. Pero esas dos horas se transformaron en más de tres meses.

Sólo pudo atravesar la puerta de su casa en Mendoza recién 97 días después de lo planeado. Tras atravesar un verdadero periplo, una insólita odisea, que la fue alejando cada día más de los brazos de su familia, habiendo estado sólo a dos horas de conseguirlo.

Federica estaba terminando su contrato que duraba unos 7 meses, después de haber recorrido distintos lugares del Mundo, y encaraba el último tramo de 15 días con un viaje que salió de Buenos Aires el 2 de marzo y que debía terminar en Chile el 15 de marzo. Desde la capital argentina, fueron parando en distintos puntos del territorio nacional como Puerto Madryn (Chubut) y Ushuaia (Tierra del Fuego). A partir de allí, el crucero cruzó los mares australes para comenzar a navegar hacia el Norte por la Costa del Pacífico chileno. Fue cuando hicieron escala en Punta Arenas y Puerto Montt y encarar hacia el destino final: San Antonio, el puerto más cercano de Santiago, la capital del país trasandino.

Su último viaje iba a terminar en Chile, el 15 de marzo, pero allí le cerraron las puertas, como también en Perú, Ecuador, Costa Rica y México. Llegaron a California, Estados Unidos, el 30 de marzo, y un caso de COVID 19 los «internó» por casi dos meses (hasta el 23 de mayo) en el crucero. Lograron una ventana para volar a Barbados, en el Caribe. Y después no conseguían regresar a Argentina. Finalmente arribó a Buenos Aires el 3 de junio y de ahí la llevaron en micro a un hotel en Mendoza. Recién el 20 de junio pudo reencontrarse con los suyos. 3 meses y cinco días después de lo previsto. Habiendo estado a apenas dos horas de lograrlo. En el medio transitó por cuatro cuarentenas. Y todo tipo de peripecias que convirtieron el viaje en una verdadera odisea.

En mi caso, en un trayecto normal un bus de Buenos Aires a Mendoza dura unas 14 horas y en este caso tardamos unas 32 horas, porque fuimos dejando gente en Santa Fe, Rosario, Córdoba, Río Cuarto, San Luis, hasta llegar a Mendoza. Y en Mendoza, otra cuarentena de 14 días en un hotel. Y finalmente el 20 de junio pude llegar a ver a mis hijos” afirma Federica

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