Aves del monte mendocino: el tesoro alado de Ñacuñán y el este de Mendoza

Quienes recorremos los caminos del este mendocino sabemos que la llanura no es un espacio vacío. Detrás del aparente silencio del algarrobal y el murmullo constante del viento entre las jarillas, late una vida silvestre fascinante. Para los amantes de la naturaleza y, especialmente, para quienes disfrutan del avistaje de aves, la Reserva de Biosfera Ñacuñán —ubicada en nuestro querido departamento de Santa Rosa— es un auténtico santuario. Declarada área protegida en 1961 y sumada a la red de la UNESCO en 1986, esta reserva de más de 12.000 hectáreas de monte nativo resguarda una biodiversidad única que merece ser descubierta con respeto y paciencia.
Mi nombre es Lucía Aranda, y en este artículo te invito a adentrarte en el maravilloso mundo de las aves del monte. Vamos a recorrer cuáles son esas especies que llenan de cantos y colores el cielo santarrosino y cómo podemos observarlas de manera responsable para preservar su frágil ecosistema.
¿Por qué Ñacuñán es un paraíso para el avistaje?

El monte de llanura mendocino se caracteriza por un clima árido, veranos calurosos e inviernos fríos y secos. En este entorno que a simple vista parece hostil, la vegetación compuesta por algarrobos dulces, jarillas, chañares, atamisques y piquillines ofrece refugio, alimento y sitios de nidificación indispensables para más de cien especies de aves. Al estar protegida de la tala y el pastoreo intensivo, la Reserva Ñacuñán funciona como una "isla" de conservación en medio de áreas modificadas por la actividad humana, permitiendo que muchas especies amenazadas encuentren aquí un hogar seguro.
Especies emblemáticas del monte: ¿qué buscar con tus binoculares?

Si preparás tus binoculares y te tomás el tiempo necesario para caminar en silencio, el monte te va a regalar encuentros inolvidables. Estas son algunas de las especies más representativas que habitan en la reserva y sus alrededores:
- El Águila Coronada (Buteogallus coronatus): Es el gigante de nuestros cielos y una de las rapaces más amenazadas de Sudamérica (en peligro de extinción). De color gris ceniciento y con una cresta o copete característico, suele posarse en lo alto de algarrobos secos o postes de luz para otear el terreno en busca de culebras, lagartijas y pequeños mamíferos. Ver un águila coronada en Ñacuñán es un privilegio absoluto.
- El Gallito de Copete (Rhinocrypta lanceolata): Más terrestre que volador, este simpático habitante del monte prefiere correr velozmente entre los arbustos antes que levantar vuelo. Se lo reconoce por su copete castaño rojizo rayado y su cola erecta. Su canto rítmico y potente es uno de los sonidos más típicos de los jarillales.
- El Cardenal Amarillo (Gubernatrix cristata): Lamentablemente amenazado por el mascotismo y la pérdida de hábitat, este bellísimo pájaro de plumaje amarillo oliva y copete negro encuentra en el este de Mendoza uno de sus últimos refugios. Escuchar su canto melodioso al amanecer es una experiencia que te reconcilia con la naturaleza.
- La Monjita Salinera (Neoxolmis salinarum): Una especie endémica de la región central de Argentina, estrechamente asociada a los ambientes de salares y estepas arbustivas bajas que rodean las zonas más áridas de Santa Rosa.
- El Carpintero Campestre (Colaptes campestris) y el Carpintero de los Cardones (Melanerpes cactorum): Fáciles de identificar por sus colores y su incansable golpeteo en los troncos de algarrobos o cactus en busca de insectos.
- El Pepitero de Collar (Saltator aurantiirostris): Con su pico anaranjado fuerte y su ceja blanca bien marcada, es muy común observarlo alimentándose de brotes y frutos silvestres en las ramas medias del bosque.
Pautas éticas para una observación responsable y sin huellas

La observación de aves es una actividad hermosa que fomenta la conciencia ambiental, pero si no la practicamos con cuidado, podemos generar un impacto negativo en las poblaciones de aves y sus hábitats. El monte mendocino es un ecosistema frágil. Como observadores, nuestro principal objetivo debe ser siempre el bienestar de las aves. Aquí te comparto las pautas éticas esenciales para tu visita a Ñacuñán:
- No alteres el comportamiento natural de las aves: Si notás que un ave se muestra nerviosa, emite llamadas de alerta constantemente o abandona la zona donde está, significa que estás demasiado cerca. Retrocedé lentamente. El uso de zoom en tu cámara siempre es mejor que intentar dar un paso más.
- Evitá o limitá el uso de playbacks: La reproducción de cantos grabados en el celular para atraer a las aves (playback) puede causarles un gran estrés, especialmente en época de reproducción. El ave cree que hay un rival invadiendo su territorio, lo que le hace gastar energía vital que debería usar para alimentar a sus pichones o vigilar depredadores. En Ñacuñán, priorizá la paciencia y el silencio por encima del uso de tecnología.
- Mantené una distancia prudencial de los nidos: Descubrir un nido es emocionante, pero acercarse demasiado puede revelar su ubicación a depredadores o hacer que los padres abandonen la nidada. Jamás toques los huevos ni muevas ramas para tomar una mejor foto.
- Transitá únicamente por los senderos habilitados: Al caminar fuera de las sendas marcadas podés pisotear plantas nativas en crecimiento, destruir nidos de aves que anidan en el suelo (como las perdices o el gallito de copete) o erosionar el suelo arcilloso del monte.
- Llevate absolutamente todos tus residuos: El plástico, los vidrios y restos de comida no pertenecen al monte. Los residuos orgánicos pueden atraer a depredadores oportunistas que luego predan sobre los nidos de aves autóctonas.
- No utilices flash: En caso de realizar observaciones al amanecer o atardecer, evitá el uso de flash directo en los ojos de las aves, ya que puede cegarlas temporalmente y dejarlas vulnerables.
Consejos prácticos para tu salida de campo en Santa Rosa
Para disfrutar plenamente de tu experiencia en Ñacuñán y el este mendocino, tené en cuenta que el clima del monte exige cierta preparación. Te sugiero planificar tu salida temprano por la mañana, que es cuando las aves registran su mayor actividad y cantan con más fuerza, o bien durante las últimas horas de la tarde, antes de la caída del sol.
No olvides llevar suficiente agua (la deshidratación en zonas áridas es rápida), sombrero de ala ancha, protector solar y calzado cerrado y cómodo para protegerte de las espinas de algarrobos y cactus. Ropa de colores apagados o naturales (verdes, marrones, grises) te ayudará a mimetizarte con el entorno y facilitará que las aves no se asusten ante tu presencia.
Descubrir el monte mendocino a través del vuelo y el canto de sus aves es una de las formas más profundas de conectar con la identidad de Santa Rosa. En cada aleteo del águila coronada o en la carrera del gallito de copete se resguarda el patrimonio natural de Mendoza, un tesoro silencioso que tenemos el deber de conocer, valorar y proteger para las futuras generaciones.
Comentarios
Dejar un comentario